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Cien Años cumple en el Perú la misión pastoral vasca de la Congregación Pasionista

jueves, 28 de febrero de 2013

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Día litúrgico: Jueves II de Cuaresma

Texto del Evangelio (Lc 16,19-31): En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

»Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros’.

»Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento’. Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan’. Él dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán’. Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’».

miércoles, 27 de febrero de 2013

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Cien Años cumple en el Perú misión pastoral vasca de la Congregación Pasionista.

El próximo 17 de mayo se cumplirán CIEN AÑOS de una gesta evangelizadora hecha por vascos que no tiene precedente, pues quienes hasta hoy la protagonizan fueron y son hombres decididos a todo, cuyas únicas armas son una cruz y la palabra convincente, aparte de una renunciación casi perpetua a lo que la mayoría consideramos buena vida. Son los misioneros de la Orden Pasionista, una congregación cuyos primeros soldados partieron de Bilbao el 24 diciembre de 1912 y empezaron su obra sacra en la Amazonía peruana cuatro y medio meses después, luego de interminable viaje.
Eran doce, como los apóstoles de Cristo, y eso han seguido siendo año tras año, década tras década: apóstoles y soldados de la fe, que han venido superando no solo lo desafiante de esa floresta indómita  sino también las propias reglas de la Iglesia, que en un momento dado estuvo a punto de terminar con su apostolado, porque de acuerdo a las reglas de la Congregación no podían ejercer donde ya otros religiosos tenían presencia oficial a través de parroquias.
Tuvo que intervenir el Papa de entonces para encontrar una solución salomónica. Un esforzado religioso, y arzobispo de Chachapoyas, Monseñor Emilio Lisson, logró que la Santa Sede creara una Prefectura Apostólica Misional, en  Yurimaguas, a la que se juntaría luego la colindante  Prelatura de Moyobamba, en San Martín, que sería también encomendada a los pasionistas.
Así  continuó la obra, en 1917, que hasta ahora se mantiene con gran esfuerzo y sacrificio, pues los misioneros pasionistas no son de esos cómodos religiosos que se mueven en ciudades, con parroquias establecidas, impartiendo sacramentos en lugares tranquilos, gozando de buenas limosnas y soporte de la feligresía, cuando no conduciendo colegios de buen nivel que rivalizan incluso con los más encopetados centros educativos privados.
No, los primeros pasionistas que llegaron en 1913 no sabían siquiera a donde venían, ni lo agreste del entorno pese al verdor permanente. Sin caminos que seguir, y solo con la guía de Dios, tenían que adentrarse en territorios desconocidos, en viajes de seis y siete días, según lo ha testimoniado en cartas Monseñor Lisson:
“Para ellos no había caminos difíciles, a pesar de que algunos han sido de seis y siete días a pie, con barro a la rodilla; ni delicadeza de alimentos, habiéndose contentado con lo que podían darles en estas regiones retrasadas; ni esmero en la cama o en el mueblaje, habiendo sido con frecuencia la cama una mala estera y los muebles, los troncos de los árboles” narraba Monseñor Lisson, quien era el obispo de Chachapoyas y quien había hecho la invitación a la orden pasionista para iniciar su misión.
Y agregaba más adelante:
“No creo que en las misiones de otras partes sufran los misioneros más privaciones que las que aquí han soportado los pasionistas. La obra va produciendo sus frutos; mi deseo es que éstos sean estables y se extiendan más y más”.
Eran tiempos difíciles y lo siguen siendo ahora, pero la vocación evangelizadora sigue siendo la misma.
Hace unos meses atrás celebramos el Cuarto Centenario de la fundación de la Cofradía de Nuestra Señora de Arantzazu, por vascos, en Lima; y los padres pasionistas estuvieron a nuestro lado, en lo religioso y en lo cultural, representados por el Padre Antonio María Artola Arbiza,  catedrático emérito de Sagrada Escritura en la Facultad de Teología de la Universidad de Deusto. Actualmente enseña en la Facultad de Teología  Civil y Eclesiástica de Lima.
Pocos conocen una singular historia de las relaciones entre la Virgen de Aránzazu y Yurimaguas. El 23 de marzo  de 2003 una imagen –reproducción exacta de la Virgen de Aránzazu- salía de Bilbao para Perú. El destino quiso que aquella imagen recalara precisamente en Yurimaguas. Era una imagen que rehacía el mismo itinerario de los Primeros Misioneros Pasionistas. Había partido de Aránzazu a Bilbao el 22 de agosto de 1969 -en el V centenario de la aparición de la Virgen (1469-1969). Quedó en Bilbao treinta años, y el 23 de marzo salía para Yurimaguas.
Hicimos incluso un peregrinaje hasta Yurimaguas, donde se encuentra la sede de la Orden, y la capilla donde se venera la efigie de la Virgen de Aránzazu. Allí  fuimos atendidos por el Provincial Monseñor José Luis Astigarraga Lizarralde, C.P., quien nos entregó la emblemática efigie de nuestra Señora de Aránzazu traída en el siglo pasado del País Vasco; y que llevada  a Lima presidió los eventos conmemorativos, e incluso un conversatorio histórico con la presencia de reconocidos intelectuales del mundo vasco y latinoamericano.
Siguiendo la idiosincrasia tenaz del pueblo vasco, los religiosos pasionistas siguen haciendo una gran obra en el Perú.
Inicialmente la tarea se realizaba desde una Prefectura Apostólica, la cual con el tiempo derivó en un Vicariato Apostólico a cargo de un obispo.
Al momento de crearse la Prefectura se señaló textualmente: «La confiamos a la Congregación pasionista.» y cuando la Prefectura Apostólica fue elevada a Vicariato se dijo: «Queremos que en adelante siga también… a cargo de los misioneros de susodicha Congregación de los clérigos descalzos de la Santísima Cruz y Pasión de nuestro Señor Jesucristo, que han venido laborando en esta región con tanto celo.»
Eso es lo que siempre han demostrado los misioneros de la Cruz en el Perú: celo, entrega total a su misión apostólica, siguiendo la huella de los doce primeros, uno de los cuales incluso entregó su vida al encarar su tarea, muriendo ahogado en  uno de los caudalosos ríos de la selva peruana.
Eso es lo que ha rescatado y destacado en su momento Monseñor Miguel Irízar Campos, sacerdote vasco, quien en el Perú ha efectuado una obra monumental, y que en el Cuatricentenario de la Cofradía de Nuestra Señora de Arantzazu en Lima cumplió un rol fundamental.
Es pues digno de destacarse estos primeros cien años de presencia pasionista en el Perú, una presencia silenciosa pero efectiva, pues la palabra y la obra de Dios han llegado a lugares ignotos, donde solo la persistencia y entrega de estos religiosos ha podido alcanzar.
La partida de los primeros misioneros desde su casa matriz de Bilbao se produjo en diciembre de 1912. Iniciaron el cruce del Atlántico el primer día de enero de 1913, y solo llegaron a Tarapoto el 17 de mayo de ese año.
En homenaje a esta hazaña histórica, la Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora de Arantzazu de Lima y el Fondo Editorial de la Revista Oiga, están organizando un viaje de peregrinaje hacia la ciudad de Yurimaguas, recorriendo ciudades y pueblos de la costa, sierra y selva peruana. La ruta denominada EUZKADI como la montaña que lleva ese nombre en la hermana Republica de Chile, finalizara con la siembra de un retoño del Gernikako Arbola.
Estamos ya pues viviendo el Primer Siglo de esta gesta poco conocida. Reconozcamos tan tesonera labor y rindamos homenaje a quienes desde 1913 vienen dando muestras de histórico desprendimiento. Desde estas páginas les tributamos un merecido tributo de admiración.

Lima, Febrero de 2013

Fuente:
Euskonews

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MISIONEROS PASIONISTAS EN LA AMAZONÍA.

HACIA  UNA  TIERRA DESCONOCIDA

Los inicios de la Congregación en Perú  (1913)
No «sabían» a dónde venían, ni conocían el tipo de pastoral que iban a realizar.
        La Congregación pasionista entró en Perú por la puerta grande de la «misión».  

Los primeros pasionistas arribaron aquí invitados por  el obispo de Chachapoyas, monseñor Emilio Lissón,  para servir a la iglesia y al pueblo en una extensa zona de la amazonía peruana. No llegaban en busca de vocaciones ni para asentarse en lugares apacibles, regentando parroquias con buen soporte económico, ni para abrir colegios rentados.

Los pasionistas no «sabían» a dónde venían, ni conocían el tipo de pastoral que iban a realizar.

Ningún religioso de la Congregación había visitado la zona de fundación. Sólo tenían noticias que les comunicaba el celoso obispo Emilio Lissón, nuestro fundador en Perú, que les presentó el nuevo campo apostólico como «un reto para valientes.» Y los doce primeros religiosos (6 sacerdotes y 6 hermanos) eran, en verdad, intrépidos y sacrificados.

Tras un viaje largo y azaroso, saliendo de la casa madre de Bilbao en España a finales de diciembre de 1912 y entrando en las aguas del Atlántico el 1 de enero de 1913, llegaron a Tarapoto, departamento de San Martín, el 17 de mayo del mismo año (cuatro meses y medio de viaje).  Eran «doce», como los apóstoles.
Mons. Lisson, años más tarde, siendo arzobispo de Lima, dejó constancia de la labor de los misioneros pasionistas en San Martín. Se lee en una de sus cartas:

      «.Los Pasionistas, venidos a estas regiones han embalsamado con suave olor de celo y demás virtudes apostólicas, no sólo estas provincias, sino todas las diócesis del Perú, aunque ellos no han salido de la región a que Dios les mandó. Para ellos no había caminos difíciles, a pesar de que algunos han sido de seis y siete días a pie, con barro a la rodilla; ni delicadeza de alimentos, habiéndose contentado con lo que podían darles en estas regiones retrasadas; ni esmero en la cama o en el mueblaje, habiendo sido con frecuencia la cama una mala estera y los muebles, los troncos de los árboles.No creo que en las misiones de otras partes sufran los misioneros más privaciones que las que aquí han soportado los pasionistas. La obra va produciendosus frutos; mi deseo es que éstos sean estables y se extiendan más y más.»

LA  HORA DE LA CRUZ
Pero las pruebas y la cruz que normalmente acompañan al evangelizador, se presentaron de forma muy punzante sobre el grupo misionero. Antes que se cumpliera el año de la llegada,

Por amor a Cristo y a la Misión

El P. Eleuterio Fernández, en acto de servicio ministerial, desaparecía ahogado en las aguas del río Sapo.

Algunos de los religiosos hermanos comenzaron a flaquear en su vocación.
La dispersión de las así llamadas «parroquias» hacía que vivieran muy alejados e incomunicados unos de otros.

Estaban bajo la impresión de estar al margen de la vida pasionista, según se describe en las Reglas y Constituciones.

¿Por qué la Congregación no examinó previamente las consecuencias que traía esta vida misionera? Creo que no hubo cálculos ni estrategias especiales para asumir este trabajo. Abundó la generosidad, la entrega, el «por amor a Cristo crucificado.» Una vez más se cumplió lo que la historia nos enseña, que, cuando un grupo religioso se lanza a grandes empresas en el nombre del Señor, tienen que ser «imprudentes», poco precavidos y no preguntarse, «¿después qué?» Lo único que latía en sus corazones era servir en la voluntad de Dios. Darse sin nada a cambio. Lo resumiríamos con las palabras del poeta Pemán que dice:

Me dí en la salud y la enfermedad
Me dí sin tender nunca la mano
para cobrar el favor
y de tal suerte
que me ha encontrado la muerte
sin nada más que el amor

¿Cómo separarse después de amar? 

        El contrato firmado entre el obispo de Chachapoyas y los superiores de la Congregación, indicaba que asumían el compromiso «para cuatro años de experiencia». La fecha fijada llegaba a su término.  Los religiosos pasionistas por voluntad de su fundador san Pablo de la Cruz, podían trabajar en tierras de misión, en zonas no organizadas parroquialmente. Y San Martín pertenecía a una diócesis, la de Chachapoyas.  Aunque la población a cuyo servicio estaban se podía considerar plenamente misional, con todo, la prohibición de parroquias que ordenaba la Regla pasionista, era una espada de Damocles que pendía diariamente sobre los esforzados misioneros.

        El capítulo provincial del año 1917, en fidelidad a las Reglas, emitió el decreto de supresión de la presencia Pasionista en San Martín y ordenó la retirada de todos los misioneros. Era una solución salomónica entre la fidelidad a la Regla y la fidelidad al pueblo misionado. Algunos salieron de la misión, otros se resistieron bastante y siguieron en su campo de trabajo. Alguno dejó también la vida religiosa. Así, en medio de sufrimientos y pruebas, la Congregación pasionista echaba las bases para la futura iglesia sanmartinense, para convertirse más tarde en la Prelatura de Moyobamba.

         El capítulo general del año 1920, consideradas todas las circunstancias, emanó igualmente el decreto de supresión y ordenó la retirada de los religiosos. Se había creado un gran conflicto, la prueba de la cruz fue momento de gran incertidumbre. Tanto la provincia religiosa del Corazón de Jesús como la Congregación, a nivel de sus capítulos, habían firmado la orden de salida de los misioneros.

Con lágrimas y sonrisas

         Pero en aquellas circunstancias, el Señor iluminó a nuestro fundador en Perú, Mons. Emilio Lisson, que ocupaba en Lima la sede de santo Toribio, para que actuara ante la Santa Sede, pidiendo la suspensión de los dos decretos que se habían emitido de parte de la Congregación pasionista. La exposición ardorosa que hizo el prelado limeño a favor de la obra misionera de los pasionistas en San Martín impresionó fuertemente en la Santa Sede, la que dio un paso muy atrevido, anulando los decretos de supresión. Y dejando la discusión sobre «parroquias, sí», «parroquias, no», la Santa Sede y la Congregación iniciaron un diálogo fructuoso hacia una segunda vía: crear en el Perú una Prefectura Apostólica misional, colindante con San Martín y encomendarla a los pasionistas. Así es como surgió para nosotros el actual Vicariato Apostólico de Yurimaguas.

          La Santa Sede, con el breve pontificio «Colocados en la sublime cátedra del príncipe de los Apóstoles» erigió la Prefectura Apostólica, que comprendía toda la actual provincia de Alto Amazonas, con territorio desmembrado del Vicariato de San León de Amazonas (Agustinos de Iquitos). El breve pontificio detalla este punto: «Con los territorios así separados formamos e instituimos la nueva Prefectura Apostólica que se llamará de San Gabriel de la Dolorosa del Marañón, y la confiamos a la Congregación Pasionista.» El P. Atanasio Jauregui, superior de la primera expedición misionera al Perú, en 1913, y el año 1921, Superior provincial con sede en Bilbao, fue nombrado primer Prefecto Apostólico.

Por decisión de la Curia general de la Congregación, el Prefecto Apostólico de Yurimaguas sería también el Superior religioso de todos los pasionistas en Perú, tanto los residentes en San Martín como en Yurimaguas. En adelante todos los religiosos eran enviados «con la obediencia de Yurimaguas» y desde allí el Prefecto Apostólico los distribuía. Los de la zona de San Martín, en cuanto labor pastoral, dependían del obispado de Chachapoyas.

En manos de la Congregación Pasionista

        De esta forma, las tumultuosas aguas del conflicto quedaban encauzadas y los ánimos serenados. La provincia religiosa del Sagrado Corazón podía ostentar el honroso título de recibir de la Iglesia la primera Prefectura Apostólica confiada a la Congregación pasionista.

Pero, al mismo tiempo, el amplio campo misional supondría para la provincia una carga muy pesada y una obligación que requería aunar esfuerzos, planear estrategias y vivir en continua tensión, ante el numeroso personal que requería tan dilatado campo.

         La provincia religiosa pasionista movió sus obreros apostólicos hacia Yurimaguas, y desde España y Chile (que entonces formaban única provincia) envió misioneros. El primer grupo llegó al Huallaga en octubre de 1921 y comenzó a preparar la organización de la Prefectura. El 8 de febrero de 1922, surcando el Amazonas, el Marañón y el Huallaga, llegaba a Yurimaguas el P. Atanasio Jáuregui, Prefecto Apostólico con un grupo de sacerdotes y hermanos de la Congregación. En total 8 misioneros.

       De esta forma, hombres nacidos en otras tierras y en otras culturas, llegaban al Huallaga para hacerse hombres amazónicos y así iniciar una nueva etapa en la evangelización y promoción de la amazonia. Tenían conciencia de recibir esta región como una zona misional en situación muy difícil.  La gesta misionera iniciada en 1913 en San Martín, sometida a durísima prueba por los decretos de supresión emanados por los capítulos provincial y general, por misteriosos caminos, había llegado a un feliz desenlace.

Escribe  el P. Atanasio Jáuregui:

“El Todopoderoso llevó este asunto a feliz término por caminos, más que ocultos, misteriosos. Cuando se creía que todo estaba perdido, porque los obstáculos al parecer insuperables y elementos de obstrucción se habrían atravesado en el camino, se vieron triunfar los designios de Dios. He tenido ocasión de seguir paso a paso y hasta en sus últimos detalles el curso de este asunto durante diez años, y me he convencido plenamente que la mano de Dios ha preparado, como El sabe hacerlo, esta su obra, y he tenido que exclamar más de una vez: Digiíus Dei est hic.”

        Los misioneros que llegaban a esta tierra no portaban documento alguno de convenios temporales ni venían a iniciar una experiencia, “a ver si les salía bien y se podía continuar aquí”. Ellos venían «de por vida» sin pensar, incluso, en salidas ocasionales o vacacionales.

Naturaleza de un Vicariato Apostólico

La Iglesia Católica, para poder cumplir el mandato de Jesús: «Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura» (Me 16, 15), está dividida en diversas demarcaciones eclesiásticas. Allí donde está suficientemente organizada, tiene clero propio y medios suficientes de subsistencia, se estructura en Archidiócesis o Diócesis. El cuidado de estas jurisdicciones se encomienda a la persona del obispo, quien con su clero y pueblo debe llevar adelante el servicio pastoral.

En territorios que antes pertenecían a alguna diócesis y en su organización se ve que tienen cierta fuerza pastoral, pero, por su extensión u otras razones no pueden ser atendidas diocesanamente, la Santa Sede crea las Prelaturas. 

A veces también erige en prelaturas, zonas que anteriormente han sido vicariatos apostólicos. El cuidado de las prelaturas se encomienda, ordinariamente, a la persona del Obispo-Prelado con su clero.

Por ejemplo, ni en la bula «Romanus Pontifex» de la creación de la prelatura de Moyobamba ni en el decreto de la Congregación Consistorial para el nombramiento del primer prelado, se habla de «encomendar o confiar» este territorio a la Congregación.
Los obispos de las prelaturas, diócesis y archidiócesis son nombrados por el Papa, previa presentación por la Congregación de los Obispos (antigua Congregación Consistorial). Las archidiócesis, diócesis y prelaturas, se organizan después en provincias eclesiásticas, a no ser que la Santa Sede determine que una jurisdicción dependa directamente de la Congregación de los Obispos.

La naturaleza de las Prefecturas Apostólicas y de los Vicariatos Apostólicos es distinta a la diocesana o prelatural. Las prefecturas no tienen obispo; su gobierno queda en manos de un sacerdote-prefecto apostólico. Los vicariatos apostólicos, de ordinario, tienen un obispo-vicario apostólico.

Cuando la Santa Sede crea nuevas prefecturas apostólicas o vicariatos, no los encomienda a la persona del prelado, sino a una congregación o diócesis. Son la congregación o la diócesis las responsables del sostenimiento de la misión. Hoy, dadas las múltiples situaciones de las tierras de misión, la Santa Sede está buscando nuevas formas de organización para estas jurisdicciones.

En las letras apostólicas de la creación de la Prefectura se indica: “La confiamos a la Congregación pasionista” y cuando la prefectura fue elevada a vicariato se dice: «Queremos que en adelante siga también… a cargo de los misioneros de susodicha Congregación de los clérigos descalzos de la Santísima Cruz y Pasión de nuestro Señor Jesucristo, que han venido laborando en esta región con tanto celo.»

La orden o congregación que recibe la misión tiene la responsabilidad de cuidar el territorio. En la práctica hay varias formas de organización misionera. Algunos institutos toman la misión y es el P. General quien señala, en cada caso, quiénes serán los misioneros. En otras congregaciones, el P. General encomienda el encargo de la misión a una provincia, con o sin colaboración de otras provincias.

En el caso de Yurimaguas, desde el inicio el P. General entregó la encomienda misional a la provincia del Corazón de Jesús. Con todo, sobre todo en los inicios, hubo religiosos de otras provincias de la Congregación. Felizmente, también hoy el P. Mario Bartolini, de la provincia italiana de la Piedad, trabaja aquí desde varios decenios.

Cuando una provincia religiosa no puede abarcar todo el campo apostólico que como Prefectura o Vicariato se le ha encomendado, puede iniciar, con el beneplácito del P. General un diálogo con otras provincias de la Congregación para reunir suficientes misioneros.

Por su parte, el Prefecto o el Vicario Apostólico pueden acudir a otros institutos o diócesis en busca de personal, pero siempre de acuerdo con los superiores de la Congregación. Si las gestiones de los superiores de la Congregación o del Prefecto o Vicario Apostólico, resultan infructuosas y se llega a la situación de no poder llevar adelante la responsabilidad misionera de la jurisdicción, el Superior general y el Prelado respectivo deben presentar el asunto a la Santa Sede, a través de la Congregación de la Evangelización de los pueblos. (No es este el caso de Yurimaguas, donde el Vicariato está bien atendido, siendo los pasionistas los que estamos con presencia menguada).

Las Prefecturas y los Vicariatos llevan el honroso y evangélico título de «Apostólicas». Significa que están más dependientes de la Santa Sede que las otras jurisdicciones eclesiásticas. Incluso los Papas, en repetidas ocasiones, llaman a los prelados misioneros, pastores que merecen un especial aprecio, porque trabajan en las fronteras de la evangelización y, muchas veces, en situaciones de pobreza y conflictividad.

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Día litúrgico: Miércoles II de Cuaresma

Texto del Evangelio (Mt 20,17-28): En aquel tiempo, cuando Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino: «Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará».

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?». Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?». Dícenle: «Sí, podemos». Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre».

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

martes, 26 de febrero de 2013

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Día litúrgico: Martes II de Cuaresma

Texto del Evangelio (Mt 23,1-12): En aquel tiempo, Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame "Rabbí".

»Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar "Doctores", porque uno solo es vuestro Doctor: Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».